« [...] Cuánto hubiese querido rozar e impedir que se alargase el caudal de aquella lágrima que escapaba a través de tu mejilla. Aquella lágrima era mi estigma de esperanza; aunque, por más lágrimas que derramases, jamás me pertenecerías. » Aarón Romero
«A la carta que me escribiste yendo de camino, tan larga como el propio camino, contestaré más tarde, puesto que me precisa retirarme y estudiar bien lo que he de aconsejarte. Pues, tú mismo que me pides consejo, te demoraste mucho antes de pedirlo; ¡cuánto más no tendré que demorarme yo, puesto que precisa más largo tiempo para resolver una cuestión que para proponerla! Y por añadidura, siendo tu conveniencia diferente de la mía. ¿Hablo otra vez con un epicúreo? Mi interés y el tuyo son uno mismo, pues yo no sería tu amigo si todo asunto tuyo no fuese también mío. La amistad establece entre nosotros comunidad de bienes: Ninguna adversidad ni prosperidad afecta a uno sólo de los dos, puesto que tenemos una misma vida. No es posible que viva feliz quien no dirige sus ojos más que a sí mismo y todo lo refiere a la propia utilidad; si quieres vivir para ti mismo, es menester que vivas para otro. La vigilancia diligente y fiel de esta hermandad que junta al hombre ...